Diario de oficio (2)

Estas últimas semanas estuve luchando contra una sinopsis. Me encontré inesperadamente trabajando en un proyecto con una empresa que no conocía, creando desde un esqueleto muy básico una historia original de varias horas de duración.

Crear la estructura de la historia fue, para mi sorpresa, la parte más fluida del proceso. En pocas semanas llegamos a una estructura sólida en tres actos que funcionaba en casi todos los niveles, más allá de pequeños ajustes que fueron necesarios hasta el final. El desafío mayor fue, siguiendo los lineamientos del director del proyecto, llegar al tono y al estilo buscado de la sinopsis principal y sobre todo, de la sinopsis breve e introductoria que la precedía.

Cada texto de guion, sea el guion mismo, un tratamiento o una sinopsis, es antes que nada un texto. Su público es el lector, no el espectador de un improbable futuro, y las herramientas para transmitir lo que en última instancia será el proyecto finalizado pueden ser muy diferentes de las que se usarán en ese proyecto. Es decir, y esto es algo que recuerdo decir incluso a un profesor universitario de guion, hay que producir cada uno de estos textos con una metodología literaria, olvidando que en algún momento existirá algo más que ellos.

En mi proyecto actual tuve que alejarme de la descripción esquemática de la trama, una forma muy común de escribir sinopsis, para acercarme a un tipo de relato más literario y mucho menos preciso. El objetivo era, antes que nada, entretener al lector (posiblemente un productor), para transmitir de forma directa el entretenimiento que el producto final eventualmente fuera a contener.

Esta aproximación a la escritura de sinopsis va en contra de la mayor parte de la teoría tradicional de guion, obsesionada —como yo— con el diseño narrativo y el funcionamiento de los engranajes de la historia. Y, en realidad, en un proceso de producción (especialmente si está orientado a la venta), este tipo de escritura es casi más importante que aquella.

Me parece un buen recordatorio de que lo que se hace en este oficio es, en primer lugar, escribir. El diseño y la estructura deben subyacer a la escritura, y en ningún caso, como a veces sucede, sustituirla.

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